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Sobre lunas y lunáticos – Pedro Shimose – 1.5.2011

Domingo, 1 de Mayo de 2011

 

En mi adolescencia, los lunáticos de Riberalta eran cuatro: Godoy, un boliviano humilde que perdió la razón en la sinrazón de la Guerra del Chaco; Sinforiana, mujer de aspecto fúnebre, silente y espectral como salida de una tragedia griega, y su hijo Antonio, que seguía a su madre como una sombra, y Selfa, cuya locura era recorrer las calles exhibiendo sus carachas, tirándose pedos, blasfemando y diciendo verdades como puños, a grito pelado. Cada cual con su demencia particular y sus lunas, porque la luna tiene mucho que ver con las mareas, las mujeres, la locura y el aullido de lobos y perros. A propósito, la luna alcanzó su perigeo (punto de la órbita de un astro o satélite más próximo a la Tierra) el pasado 5 de enero. Algo debió haber sucedido porque, a partir de entonces, no sé qué le pasa al Estado Plurinacional.

Cada aldea, cada villorrio, cada pueblecito o “pueblito”, como decimos tierra adentro, tiene sus opas y sus locos. Y si no los tienen, los inventan. El poeta español Juan Ramón Jiménez cuenta que, yendo montado en su borrico, los peladitos de su pueblo le seguían gritándole: “¡El loco! ¡El loco! ¡El loco!” (Platero y yo, viñeta VII). Como ustedes saben muy bien, aquel “loco” ganaría, años después, el Premio Nobel de Literatura.

Otros no tuvieron tanta suerte. La capital de Suecia, Estocolmo, tuvo dos locos insignes: Emmanuel Swedenborg (1688–1772), que huyó a Londres a consumar allí sus éxtasis místicos, y August Strindberg (1849–1912), que nunca obtuvo el Nobel de Literatura, agravio con que su país premió a este escritor extraordinario. El primero hablaba con los ángeles y el segundo dialogaba consigo mismo, o sea, con la humanidad. Por eso sabía tanto de demonios que, en su obra, aparecen disfrazados de seres humanos.

En el pueblo francés de Arles vivió un chalado famoso: Vincent van Gogh (1853–1890). Allí, el artista holandés pintó el mundo tal como él lo veía: deforme, ornado de colores chillones, impregnados de estallidos iridiscentes y destellos cósmicos. Por eso lo llamaban loco y nadie daba un bledo por su pintura, rechazada en los salones de arte de la época. Vivió en la indigencia, peleado con el mundo. Ahora lo llamamos genio de la pintura y sus cuadros se cotizan en millones de dólares. ¿Quién estaba loco?

Un legendario pintor boliviano llamado Arturo Borda (1883–1953, alias “el loco Borda”) escribió un libro voluminoso titulado El loco, con el que demostró que no estaba loco. No llegó a cortarse el lóbulo de la oreja como Van Gogh, pero tenía la mosca en la oreja, acusado de ser sindicalista, agitador y comunista. La que se volvió loca fue la Policía, a la que confundió pintando cuadros en los que se vislumbra el genio. Otro loco famoso fue el cruceño Pablo Alba, al que inmortalizó el compositor Aldo Peña dedicándole una canción titulada, precisamente, A Pablito Alba.

Aunque nacido en Lauffen, un pueblo perdido en la Selva Negra alemana, Friedrich Hölderlin (1770-1843) es el orate de la ciudad de Tubinga, célebre porque allí estudiaron Hegel, Schelling y Hölderlin. Éste perdió la chaveta al dialogar con Empédocles y los dioses de la antigua Grecia. Con el tiempo, su nombre ha sido incorporado con todos los honores al movimiento romántico alemán y su obra poética, incomprendida mientras el poeta vivía, es considerada genial. Algo semejante sucedió con el escritor francés Gerard de Nerval y con el poeta italiano Dino Campana.

En mi adolescencia, los lunáticos de Riberalta eran cuatro: Godoy, un boliviano humilde que perdió la razón en la sinrazón de la Guerra del Chaco; Sinforiana, mujer de aspecto fúnebre, silente y espectral como salida de una tragedia griega, y su hijo Antonio, que seguía a su madre como una sombra, y Selfa, cuya locura era recorrer las calles exhibiendo sus carachas, tirándose pedos, blasfemando y diciendo verdades como puños, a grito pelado. Cada cual con su demencia particular y sus lunas, porque la luna tiene mucho que ver con las mareas, las mujeres, la locura y el aullido de lobos y perros. A propósito, la luna alcanzó su perigeo (punto de la órbita de un astro o satélite más próximo a la Tierra) el pasado 5 de enero. Algo debió haber sucedido porque, a partir de entonces, no sé qué le pasa al Estado Plurinacional.

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Escritor

Pedro Shimose
http://www.laprensa.com.bo/noticias/1-5-2011/noticias/01-05-2011_15663.php

  1. Alejandro
    Viernes, 28 de Diciembre de 2012 a las 14:05 | #1

    La paradoja anda entre los vivos, esten locos o no, ahora, quién para deicidir quien está loco, sino los que no estan todavía, muchos ejejmplos hay, los hermanos Wraith, acaso el hombre podría volar?, no que ya orbitamos el globo cuando nos da la gana. Aún así, hay los locos clínicos, a los que hay que respetar en todo sus formas, pues a veces son mas brillantes que aquellos que creen brillar. lo etéreo e histórico es la particularidad de cada loco en cada pueblo o ciudad, siempre uno trascendera mas que el otro, al igual que los cuerdos…

  2. DR HUGO BEYUMA TIRINA
    Miércoles, 4 de Mayo de 2011 a las 14:02 | #2

    Agradecer al escritor Pedro Shimose por tan bonita ilustración de Riberalta, Bolivia y el mundo al estilo literario; de la que me acuerdo es del personaje Selfa, en mi infancia. Algo paso con el Estado Plurinacional, en la escuela lo conoci como Republica de Bolivia. El oficialismo pretende demostrar en su gestión como un País paradisiaco, insiste en mantener el rumbo de su politica fallida, pretende preservar su hegemonia de gobierno dictatorial camuflado de democracia. Su politica económica modelo Socialista del Siglo XXl son contradictorias con la actualidad económica del mundo, Politica enemigo del capitalismo y del mercado internacional. Saludos Dr. Beyuma

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